jueves, 30 de marzo de 2017

¿Cuál es la verdadera adoración?

¿Cuál es la adoración o religión verdadera? Dentro de las discusiones más comentadas en foros religiosos, esta es probablemente la cuestión estrella, y siempre que se presenta, invariablemente surgen comentaristas que se posicionan en distintos bandos religiosos, pero todos con un mismo objetivo: demostrar que su denominación practica la verdadera adoración, la única reconocida por Dios.

Para ello, se suelen esgrimir distintos argumentos, como que la adoración verdadera hay que buscarla en la línea de sucesión de Pedro; o consiste en “nacer de nuevo”; o guardar los Diez Mandamientos; o predicar el reino y llevar el nombre de Dios; o hablar en lenguas, etc., etc. Sin embargo, cuando leemos el Nuevo Testamento, en ningún lugar encontramos que criterios de ese tipo definan la adoración verdadera. Lamentablemente, sucede que muchas denominaciones enfatizan aquellas creencias y prácticas que resaltan sus propias peculiaridades religiosas; a la vez que dejan casi en el olvido la clara enseñanza de la palabra de Dios.

Entonces, ¿en qué consiste la adoración verdadera? La respuesta la encontramos sólo en estas palabras de Jesús:
Pero llega la hora, y es el momento actual, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ésos son precisamente los adoradores que el Padre desea. Dios es espíritu; y los que lo adoran, tienen que adorarlo en espíritu y verdad.” (Juan 4:23-24 Biblia Serafín de Ausejo)
Por más que busquemos en la Biblia, no encontramos otro pasaje que explique cómo adoran los verdaderos adoradores. Sin duda, se trata del principal mensaje para determinar cómo quiere Dios que se Le adore. Para empezar notemos lo siguiente:

- Jesús repite enfáticamente que la única adoración que Dios acepta es “en espíritu y en verdad”.

- Al identificar a los verdaderos adoradores como los que adoran “en espíritu y en verdad”, también está significando que cualquier otro tipo de adoración no es verdadera.

- Es de destacar el interés que Dios muestra por los verdaderos adoradores. Son precisamente los adoradores “que el Padre desea”, o “que el Padre busca” (Biblia Nacar Colunga).

Dios desea y busca a Sus verdaderos adoradores. ¿Queremos ser uno de ellos? Si es así, tenemos la apasionante tarea de averiguar qué quiso decir Jesús con adorar “en espíritu y en verdad”. ¿Por dónde podemos empezar? Ante todo, pidamos a Dios en oración que nos ayude a adorarlo “en espíritu y en verdad”. Que este deseo sincero sea un asunto habitual en nuestras oraciones. Pero después hemos de permitir que Dios nos ayude ¿Cómo? Leamos Su palabra en la confianza que Dios nos enseñará. Comencemos por el Nuevo Testamento; y a medida que leamos, pongamos especial atención en todo aquello que nos ayude entender el significado de adorar en espíritu y en verdad.

Si Dios lo permite, es mi intención compartir en este blog lo que vaya averiguando, deseando recibir cualquier comentario que edifique en este propósito.

¡Qué Dios nos encuentre entre sus verdaderos adoradores!



jueves, 16 de marzo de 2017

Por qué recordar el pecado

Al leer las epístolas de Pablo, llama la atención que Pablo no tiene reparos en recordar una y otra vez su etapa como perseguidor de la iglesia de Cristo (Hechos 8.3; 1 Corintios 15.9; Gálatas 1.13 y 1 Timoteo 1.13) ¿Qué le motivaba a recordar repetidamente esos pecados? Conociendo a Pablo, podemos intuir que lo hacía al menos por algunas de estas razones:

Rememorar el sentimiento de indignación por ese pecado, le ayudaba a guardarse del orgullo. Le hacía sentir un profundo agradecimiento por quien tanto le perdonó; lo cual irresistiblemente se traducía en su amor creciente por Cristo, un amor que buscaba formas de expresarlo en su forma de vivir y servir. Finalmente, utilizaba su pecado como testimonio animador para otros (1 Timoteo 1:16) Aunque Pablo sabía muy bien que había sido perdonado, él no quería olvidar su pecado, no porque estuviera obsesionado, sino porque de esa manera perpetuaba en su corazón el gran amor que Cristo sentía por él.

Todos podemos extraer esos beneficios al recordar aquellos pecados que por su naturaleza y gravedad podrían hacernos sentir indignos de ser llamados cristianos. Si hemos tenido sincero arrepentimiento, hemos de estar seguros del perdón de Dios mediante la sangre redentora de Cristo. Pero es bueno que de vez en cuando traigamos nuestro pecado a la memoria. Es la mejor forma de recordar y agradecer en lo profundo de nuestro corazón la gracia de Dios de la que hemos sido objetos. Es una excelente manera de permanecer agradecidos a Cristo, y que esta gratitud genere amor por Él. Un amor que nos mueva a conocerle y obedecerle. Todo esto es posible cuando de manera humilde y sincera recordamos nuestro pecado.