lunes, 21 de diciembre de 2015

Cómo probar si una enseñanza es bíblica

Ya sea en grupo o individualmente, cada vez que queramos probar una enseñanza, es recomendable abrir nuestra biblia y seguir estos pasos:

Pidamos a Dios que bendiga nuestra investigación y que nos guie a Su verdad

Si queremos conocer la verdad bíblica debemos orar al Autor de la Verdad y rogarle que nos dé "el espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él” (Efesios 1:17) Además, es sumamente importante asegurarnos de solicitar Su ayuda para conocer Su verdad, no para confirmar nuestras actuales creencias.

 Busquemos y leamos los textos que nos hayan referido

Leamos en nuestras biblias los textos citados, y hagamos una sencilla comparación sobre lo que nos afirman y lo que dice el texto bíblico.

Leamos el contexto de cada versículo y analicemos su alcance y significado

Se dice con razón que “un texto sin su contexto suele ser un pretexto”. Para evitar esto, debemos leer y analizar el contexto inmediato y el contexto amplio para encontrar el verdadero significado del versículo. El contexto inmediato son los versículos que están inmediatamente antes o después del versículo analizado, y suele tener una repercusión más directa sobre su significado.

El contexto amplio consiste en el capítulo o capítulos que rodean al pasaje y nos permite a saber el propósito general de esa porción, los destinatarios del mensaje, etc.; lo cual también nos ayuda a esclarecer el significado del pasaje que estamos estudiando.

Comparemos con otros pasajes que traten sobre el mismo asunto

Dicho de otro modo, debemos tener presente el contexto bíblico en su totalidad. El salmista dice: “La suma de tus palabras es la verdad” (Salmos 119:160). La Verdad no está encerrada en versículos aislados; sino en el conjunto de la Biblia, ya que es bastante frecuente que otras referencias bíblicas esclarezcan o complementen el significado del pasaje que estamos considerando.

Por otra parte, el tener en cuenta toda la Biblia, y no solo una parte, nos protege contra las interpretaciones erróneas e interesadas. El ejemplo más claro de esto lo tenemos en la segunda de las tentaciones del Diablo a Jesús (Mateo 4:6). Allí, el Diablo utilizó Salmos 91:11-12 para intentar que Jesús se arrojara al vacío y así experimentar la protección de Dios. Pero Jesús desveló la inicua intención del Diablo cuando dijo: “También está escrito: ‘No pongas a prueba al Señor tu Dios’
” (Mateo 4:7; Deuteronomio 6:16)

Así, es conveniente buscar todas las referencias bíblicas que traten sobre el mismo asunto y compararlas entre sí para obtener su verdadero sentido y significado. Ni que decir tiene, que para utilizar la Biblia adecuadamente se necesita conocerla completamente, y eso requiere una constante inversión de nuestro tiempo. Pero ¡Bendita inversión! (Salmos 1:1-3)

Comprobemos que las conclusiones resulten naturales y genuinas, y que los argumentos empleados sean convincentes

Esto quiere decir que, como regla general debemos leer la Biblia utilizando el sentido sencillo y literal del lenguaje para que las conclusiones a las que lleguemos resulten naturales y genuinas. Por tanto, se han de evitar razonamientos artificiales y recónditos que no guarden una relación natural con el contexto bíblico. Hemos de tener presente que Dios ha dado Su palabra para ser entendida por todas las personas comunes de corazón sincero (Mateo 11:25-26).

Caso especial es cuando estamos ante símbolos o figuras retóricas. Entonces debemos estudiar hasta encontrar la verdad literal que hay detrás de esa figura o símbolo, dejando siempre que sea la Escritura quien interprete la Escritura.

Es demasiado frecuente observar como expertos y teólogos tuercen el significado de algunos pasajes para que encajen con el esquema doctrinal de su denominación religiosa; o peor aún, para respaldar conductas desaprobadas por Dios. Por eso, hemos de asegurarnos que los argumentos utilizados sean verdaderamente convincentes, y no sean insertados “con calzador” para apoyar una determinada doctrina.


NOTA: También podríamos servirnos de otros elementos de la hermenéutica bíblica, como el conocimiento de los idiomas originales (hebreo y griego), la terminología bíblica, trasfondo histórico, contexto literario y cultural, etc. Pero, aunque el uso de estas disciplinas a veces puede ser muy necesario, por lo general no son imprescindibles.