Ya sea en grupo o individualmente, cada vez que queramos probar una enseñanza, es recomendable abrir nuestra biblia y seguir estos pasos:
Pidamos a Dios que bendiga nuestra investigación y que nos guie a Su verdad
Si queremos conocer la verdad bíblica debemos orar al Autor de la Verdad y rogarle que nos dé "el espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de Él” (Efesios 1:17) Además, es sumamente importante asegurarnos de solicitar Su ayuda para conocer Su verdad, no para confirmar nuestras actuales creencias.
Busquemos y leamos los textos que nos hayan referido
Leamos en nuestras biblias los textos citados, y hagamos una sencilla comparación sobre lo que nos afirman y lo que dice el texto bíblico.
Leamos el contexto de cada versículo y analicemos su alcance y significado
Se dice con razón que “un texto sin su contexto suele ser un pretexto”. Para evitar esto, debemos leer y analizar el contexto inmediato y el contexto amplio para encontrar el verdadero significado del versículo. El contexto inmediato son los versículos que están inmediatamente antes o después del versículo analizado, y suele tener una repercusión más directa sobre su significado.
El contexto amplio consiste en el capítulo o capítulos que rodean al pasaje y nos permite a saber el propósito general de esa porción, los destinatarios del mensaje, etc.; lo cual también nos ayuda a esclarecer el significado del pasaje que estamos estudiando.
Comparemos con otros pasajes que traten sobre el mismo asunto
Dicho de otro modo, debemos tener presente el contexto bíblico en su totalidad. El salmista dice: “La suma de tus palabras es la verdad” (Salmos 119:160). La Verdad no está encerrada en versículos aislados; sino en el conjunto de la Biblia, ya que es bastante frecuente que otras referencias bíblicas esclarezcan o complementen el significado del pasaje que estamos considerando.
Por otra parte, el tener en cuenta toda la Biblia, y no solo una parte, nos protege contra las interpretaciones erróneas e interesadas. El ejemplo más claro de esto lo tenemos en la segunda de las tentaciones del Diablo a Jesús (Mateo 4:6). Allí, el Diablo utilizó Salmos 91:11-12 para intentar que Jesús se arrojara al vacío y así experimentar la protección de Dios. Pero Jesús desveló la inicua intención del Diablo cuando dijo: “También está escrito: ‘No pongas a prueba al Señor tu Dios’” (Mateo 4:7; Deuteronomio 6:16)
Así, es conveniente buscar todas las referencias bíblicas que traten sobre el mismo asunto y compararlas entre sí para obtener su verdadero sentido y significado. Ni que decir tiene, que para utilizar la Biblia adecuadamente se necesita conocerla completamente, y eso requiere una constante inversión de nuestro tiempo. Pero ¡Bendita inversión! (Salmos 1:1-3)
Comprobemos que las conclusiones resulten naturales y genuinas, y que los argumentos empleados sean convincentes
Esto quiere decir que, como regla general debemos leer la Biblia utilizando el sentido sencillo y literal del lenguaje para que las conclusiones a las que lleguemos resulten naturales y genuinas. Por tanto, se han de evitar razonamientos artificiales y recónditos que no guarden una relación natural con el contexto bíblico. Hemos de tener presente que Dios ha dado Su palabra para ser entendida por todas las personas comunes de corazón sincero (Mateo 11:25-26).
Caso especial es cuando estamos ante símbolos o figuras retóricas. Entonces debemos estudiar hasta encontrar la verdad literal que hay detrás de esa figura o símbolo, dejando siempre que sea la Escritura quien interprete la Escritura.
Es demasiado frecuente observar como expertos y teólogos tuercen el significado de algunos pasajes para que encajen con el esquema doctrinal de su denominación religiosa; o peor aún, para respaldar conductas desaprobadas por Dios. Por eso, hemos de asegurarnos que los argumentos utilizados sean verdaderamente convincentes, y no sean insertados “con calzador” para apoyar una determinada doctrina.
NOTA: También podríamos servirnos de otros elementos de la hermenéutica bíblica, como el conocimiento de los idiomas originales (hebreo y griego), la terminología bíblica, trasfondo histórico, contexto literario y cultural, etc. Pero, aunque el uso de estas disciplinas a veces puede ser muy necesario, por lo general no son imprescindibles.
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lunes, 21 de diciembre de 2015
lunes, 14 de diciembre de 2015
El buen ejemplo de los bereanos
“Enseguida los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas a Berea, los cuales, al llegar, fueron a la sinagoga de los judíos. Estos eran más nobles que los de Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así. Por eso muchos de ellos creyeron, así como también un buen número de griegos, hombres y mujeres de distinción” (Hechos 17:10-12 LBLA)Aquí tenemos a unos auténticos buscadores de la verdad de Dios. Observando cómo respondieron a la predicación de Pablo podemos aprender importantes lecciones.
“eran más nobles que los de Tesalónica” Los de Berea eran de sentimientos nobles porque reaccionaron con sinceridad de corazón a la predicación de Pablo. No cayeron en prejuicios, ni escucharon con la intención de buscar confrontaciones dialécticas. Lo importante para ellos era conocer y recibir la Verdad de Dios, aunque eso significara cambiar sus creencias.
“recibieron la palabra con toda solicitud” Los bereanos recibieron la palabra predicada por Pablo y Silas con toda solicitud; es decir, con la esperanza entusiasta de estar ante alguna información que les ayudara a entender el plan de Dios.
Es de notar que Pablo y Silas eran impopulares entre los judíos. A los cristianos se les calificaba de secta apóstata; pero eso no impidió que los bereanos escucharan con suma atención lo que predicaban. La razón para esta buena disposición la tenemos en parte a una buena costumbre de Pablo: “Como era su costumbre, Pablo entró en la sinagoga y tres sábados seguidos discutió con ellos. Basándose en las Escrituras, les explicaba y demostraba que era necesario que el Mesías padeciera y resucitara” (Hechos 17:2-3)
En efecto, por su constante uso, percibieron que para Pablo la suprema autoridad residía en las Escrituras; y eso les predispuso a escuchar con interés.
“escudriñando diariamente las Escrituras, para ver si estas cosas eran así” Los bereanos tenían muy claro que sus creencias religiosas debían proceder exclusivamente de la palabra de Dios. Por eso; después de escuchar a Pablo, escudriñaron diariamente las Escrituras, para comprobar si era cierto lo que Pablo decía. Dicho de otro modo, en materia religiosa no aceptaban meras palabras de hombres por muy convincentes que sonaran (¡y Pablo era muy convincente!). La única autoridad que aceptaban era la palabra de Dios, mediante la cual comparaban y confrontaban cualquier nueva enseñanza.
Es digno de notar que para ellos el estudio de las Escrituras no estaba limitado a la asistencia a la sinagoga los sábados; sino que lo hacían diariamente; y dada la escasez de copias de las Escrituras, lo más probable es que lo hicieran en grupo. Por tanto, su estudio no consistía en un vistazo superficial y ocasional, sino que se trataba de una investigación completa y cuidadosa que hacían entre todos.
El comentarista bíblico Matthew Henry describe lo que probablemente era el sistema de estudio que seguían: “acudieron a sus biblias, buscaron los pasajes citados, leyeron el contexto, analizaron el alcance y significado de estos, los compararon con otros pasajes de la Escritura, verificaron que las deducciones de Pablo fueran naturales y genuinas y que sus argumentos fueran convincentes, y entonces actuaron en consecuencia”.
“muchos de ellos creyeron” He aquí el resultado de su nobleza de carácter: “muchos de ellos creyeron”. El propósito de escuchar y escudriñar las Escrituras era saber lo que Dios tenía que decirles; tras lo cual, abrazaron la nueva fe, haciéndose obedientes al Cristo.
Sigamos su ejemplo
La primera lección es para los predicadores y maestros. Pablo no se molestó en absoluto que los bereanos comprobaran las Escrituras para confirmar que lo que decía era cierto; todo lo contario, los elogió por su sabio proceder, demostrando con ello, que a Pablo también le movía un noble interés: sólo quería hacer discípulos de Cristo, no discípulos de Pablo. ¿De cuántos predicadores se puede decir que no buscan hacer discípulos suyos, sino de Cristo? Un buen maestro se comporta como un tutor, cuya principal misión es animar y dirigir a los nuevos creyentes a hacerse discípulos directos de Jesús.
El proceder de los bereanos es un excelente ejemplo para todo buscador de la verdad bíblica. Cuando recibimos una nueva enseñanza bíblica, debemos hacerlo “con toda solicitud”; es decir, con presteza y entusiasmo, abriendo nuestra mente y corazón con la esperanza de estar ante una verdad procedente de Dios.
Seamos nobles de carácter al evitar cualquier prejuicio sobre el portador de la enseñanza. Centrémonos en enseñanzas, no en denominaciones. Podría ser que algunas denominaciones impopulares prediquen algunas enseñanzas dignas de ser examinadas.
Escuchemos a quienes tienen costumbre de utilizar la Biblia para demostrar sus convicciones, ¡pero ojo! eso es solo la primera condición. Sobre todo, necesitamos asegurarnos que lo que recibamos tenga una base bíblica bien fundada. Pablo nos aconseja ‘someter todo a prueba’ (1 Tesalonicenses 5:21); Juan nos dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1); y Jesús mismo reprochó a los saduceos ‘que desconocían las Escrituras’ (Marcos 12:24), y encomió a la iglesia de Éfeso por ‘no poder soportar a los malos, y probar a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son’ (Apocalipsis 2:2)
Hoy día es más necesario que nunca seguir estas indicaciones. Si en los tiempos de los apóstoles había que examinar con cuidado cualquier enseñanza ¡Cuánto más 2000 años después, donde vivimos en medio de una gran maraña de doctrinas en clara contradicción unas con otras!
Por eso, pongamos a prueba cualquier enseñanza. Que la Biblia y sólo la Biblia sea nuestra única autoridad religiosa. Intentemos participar en algún grupo donde sus integrantes compartan el mismo interés.
El principal propósito para leer y entender la Biblia no debe ser otro que conocer a Dios y Sus propósitos y conformar nuestra vida para obedecerle y amarle de acuerdo a Su verdad (Juan 4:23-24)
Si después de haber examinado cabalmente una enseñanza y comprobado su apoyo bíblico, percibimos que aún nos resistimos a aceptarla; entonces hemos de ver que estamos ante una prueba de fidelidad a Dios, con lo que hemos de preguntarnos: ¿Deseo continuar con mis propias creencias o quiero entregarme a la voluntad de Dios según lo revela en Su palabra? En tal situación será decisivo rogarle constantemente a Dios que nos ayude a aceptar toda Su voluntad (Mateo 22:37)
lunes, 23 de noviembre de 2015
La llave del entendimiento bíblico
“¿No pertenecen a Dios las interpretaciones?” (Génesis 40:8)
Los buscadores de la verdad saben bien que solo a Dios pertenece la correcta interpretación de Su palabra; y que, al igual que esta fue transmitida por Su espíritu (2 Pedro 1:21), también se requiere de Su espíritu para ser entendida.
Jesús mismo anunció que “el Espíritu de la verdad” guiaría a sus discípulos “a toda la verdad” (Juan 16:13) Pablo expresó su deseo de que ‘Dios conceda espíritu de sabiduría que revele un conocimiento profundo de él’ (Efesios 1:17); y hablando sobre “el misterio de la sabiduría de Dios”, y sobre lo que “Dios ha preparado para quienes lo aman”, dijo a los corintios: “Ahora bien, Dios nos ha revelado esto por medio de su Espíritu, pues el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios […] Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido” (1 Corintios 2:7-12 NVI) “Los que no tienen el Espíritu de Dios no aceptan las enseñanzas espirituales, pues las consideran una tontería. Y tampoco pueden entenderlas, porque no tienen el Espíritu de Dios. En cambio, los que tienen el Espíritu de Dios todo lo examinan y todo lo entienden” (1 Corintios 2:14-15 TLA)
Así que, la capacidad de llegar al correcto entendimiento de la Biblia no depende tanto de la cantidad de conocimiento bíblico, y mucho menos del reconocimiento intelectual que se posea. Se trata de un don (Hechos 2:38) que Dios libremente concede mediante Su espíritu. Gracias a él podemos adquirir ‘entendimiento para aprender sus mandamientos’ (Salmos 119:73 NVI); “conocer plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual” (Colosenses 1:9 NVI); e incluso podemos descubrir “los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:2-3)
¿Quiénes reciben el espíritu santo?
Jesús dijo: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. […]En efecto, Dios desea que le pidamos Su espíritu. Hemos de pedir, buscar y llamar cuantas veces sean necesarias. Pero a nuestra petición incansable debemos añadir un importante ingrediente:
si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:9-13)
“Si alguno de ustedes no tiene sabiduría, pídasela a Dios. Él se la da a todos en abundancia, sin echarles nada en cara. Eso sí, debe pedirla con la seguridad de que Dios se la dará” (Santiago 1:5-6 TLA)
Hemos de confiar que nuestro Padre celestial nos ama y desea lo mejor para nosotros; por eso, podemos pedirle ‘con la seguridad de que nos la dará’. Pero hay otro factor aún más determinante:
“el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen” (Hechos 5:32 LBLA)
“Dios, que conoce el corazón humano, mostró que los aceptaba dándoles el Espíritu Santo” (Hechos 15:8 NVI)Efectivamente, Dios conoce y acepta a quienes les obedecen con sinceridad de corazón. Es decir, el modo como utilizamos el conocimiento que ya tenemos, es lo que determina si somos aceptados por Dios, dándonos Su espíritu como muestra de su aceptación.
Por eso, hemos de preguntarnos: ¿Qué hacemos con el conocimiento bíblico que sí entendemos sin dificultad? ¿Hacemos todo lo posible por obedecer lo que ya sabemos? Por ejemplo, no se necesita ninguna revelación especial para entender lo que significa ‘amar al prójimo como a sí mismo’ (Mateo 22:39) ¿Ponemos toda nuestra voluntad en obedecer este gran, y a la vez, sencillo mandamiento? Nuestra actitud a los mandamientos básicos determina que Dios nos conceda entendimiento de Su palabra.
En esta misma línea haremos bien en recordar y tomar ejemplo del profeta Daniel. Su profunda y leal devoción hizo que Dios lo considerara “muy estimado” (Daniel 9:23; 10:11, 19) En el contexto de una visión, el ángel Gabriel le dijo: “Daniel, he salido ahora para darte sabiduría y entendimiento. Al principio de tus súplicas se dio la orden, y he venido para explicártela, porque eres muy estimado; pon atención a la orden y entiende la visión” (Daniel 9:22-23) En efecto, Dios se deleita en dar sabiduría y entendimiento a quienes le son “muy estimados”.
¿Tenemos el espíritu santo?
“el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio.” (Gálatas 5:22-23)Al igual que la savia invisible de un árbol hace posible su crecimiento hasta producir fruto visible; si permitimos que el espíritu invisible de Dios fluya en nuestras mentes y corazones, éste necesariamente se debe exteriorizar en nuestras vidas por medio de cualidades espirituales que son perceptibles a todos.
Por tanto, para discernir si estamos adquiriendo el don del espíritu de Dios, debemos preguntarnos: ¿Se me conoce por ser amoroso, pacífico, paciente, bondadoso, fiel, humilde y con dominio propio? La manifestación de dichas cualidades es evidencia de que el espíritu de Dios fluye en nuestras vidas.
Por supuesto, la función y la importancia del espíritu santo va mucho más allá de la compresión de las Escrituras; pero esto debe servir para que los buscadores de la verdad bíblica tengamos muy presente que nunca podremos averiguar nada por nosotros mismos. Es esencial estar conscientes de nuestra total dependencia al espíritu de Dios; y por esa razón, necesitamos que Dios nos encuentre aptos mediante obedecer de corazón todo aquello que ya entendemos, a la vez que manifestamos el fruto del espíritu santo. Si esa es nuestra condición espiritual, Dios nos invita a pedir Su espíritu con la seguridad que nos dará la llave que nos permita entrar y descubrir “plenamente su voluntad con toda sabiduría y comprensión espiritual” (Colosenses 1:9 NVI).
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Buscando con buena actitud de corazón
Después que Jesús realizara milagros en tres ciudades, al ver la desfavorable reacción de sus habitantes exclamó:
Aquí tenemos una de las primeras claves para acceder a las verdades bíblicas. No se trata de adquisición de conocimientos, ni de técnicas de estudio; se trata de la buena actitud de corazón. A Dios le agrada esconder Su conocimiento a los intelectualmente orgullosos, a los autosuficientes; en cambio, Le complace revelar Su verdad a los que son como niños, los considerados de poca importancia.
¿Quiénes son? Son los humildes de corazón; los que siendo conscientes de su ignorancia, manifiestan un sincero deseo por aprender de Dios; captando con natural sencillez Sus enseñanzas.
Tiene la mente lo suficientemente abierta como para reconocer que con toda probabilidad posee doctrinas que no proceden de Dios; y por eso, asume la necesidad de tener que desaprender conceptos y enseñanzas erróneas; a la vez que sabe que hay muchas y maravillosas verdades que le esperan ser descubiertas.
Su temor reverente a Dios y a Su verdad; hace que tengan mucho cuidado para que sus conclusiones bíblicas no sean el producto de deseos personales o de su excesiva confianza en otros hombres. Los buenos buscadores estudian la Biblia para averiguar la Verdad de Dios, no para apuntalar sus propias creencias.
Si después de realizar una completa investigación, comprueban que la evidencia bíblica señala hacia una determinada interpretación, el buen buscador decide aceptarla como palabra de Dios, aunque eso signifique romper con esquemas anteriores.
No se apresuran a juzgar una enseñanza como falsa sin antes examinar su apoyo bíblico. Su experiencia les enseña que deben ser prudentes; porque lo que a veces se considera una doctrina errónea, tras una investigación cabal, resulta ser una verdad procedente de Dios.
Tampoco tienen ningún problema en reconocer sus carencias sobre algún aspecto, que de momento no entiendan suficientemente. Saben del grave error que es pretender “ajustar con calzador” explicaciones sin apoyo bíblico, con el fin de que encajen en una determinada línea de creencias. Esta práctica, además de ser desleal con la voluntad divina, llega a ser un obstáculo insuperable para llegar al verdadero entendimiento bíblico. Los buscadores sinceros y leales optan por esperar pacientemente a que Dios algún día revele el correcto entendimiento.
Así, Dios no revela Su Verdad a todo el mundo; sino sólo a los que mantienen una buena actitud de corazón: las personas sencillas y humildes, que modestamente confían en Él con todo su corazón y están dispuestas a sacrificar sus creencias personales por las muchas y maravillosas enseñanzas que Dios les tiene reservadas.
“Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas de los sabios y entendidos, y se las has revelado a estos que son como niños. Sí Padre, porque así te agradó.” (Mateo 11:25-26 PDT)Más adelante, otros escritores bíblicos insisten en la misma idea: “Dios resiste a los soberbios y da su gracia a los humildes” (Santiago 4:6); Dios confunde “el entendimiento de los inteligentes”, mostrando que “no hay tal cosa como sabios, o expertos en la Biblia, o gente que cree tener todas las respuestas” (1 Corintios 1:19-20 TLA); en cambio, escoge a los que “desde el punto de vista humano, son débiles, despreciables y de poca importancia, para que los que se creen muy importantes se den cuenta de que en realidad no lo son” (1 Corintios 1:28 TLA)
Aquí tenemos una de las primeras claves para acceder a las verdades bíblicas. No se trata de adquisición de conocimientos, ni de técnicas de estudio; se trata de la buena actitud de corazón. A Dios le agrada esconder Su conocimiento a los intelectualmente orgullosos, a los autosuficientes; en cambio, Le complace revelar Su verdad a los que son como niños, los considerados de poca importancia.
¿Quiénes son? Son los humildes de corazón; los que siendo conscientes de su ignorancia, manifiestan un sincero deseo por aprender de Dios; captando con natural sencillez Sus enseñanzas.
“Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas. No seas sabio a tus propios ojos, teme al Señor y apártate del mal” (Proverbios 3:5-7)El humilde buscador ama a Dios sobre todas las cosas y confía en Él con todo su corazón; por esa razón, sólo busca la Verdad de Dios; no se conforma con menos. No le interesan las doctrinas humanas por muy defendidas y extendidas que estén; pero aún va más allá, tampoco le interesan las creencias erróneas que él mismo pueda estar albergando.
Tiene la mente lo suficientemente abierta como para reconocer que con toda probabilidad posee doctrinas que no proceden de Dios; y por eso, asume la necesidad de tener que desaprender conceptos y enseñanzas erróneas; a la vez que sabe que hay muchas y maravillosas verdades que le esperan ser descubiertas.
Su temor reverente a Dios y a Su verdad; hace que tengan mucho cuidado para que sus conclusiones bíblicas no sean el producto de deseos personales o de su excesiva confianza en otros hombres. Los buenos buscadores estudian la Biblia para averiguar la Verdad de Dios, no para apuntalar sus propias creencias.
Si después de realizar una completa investigación, comprueban que la evidencia bíblica señala hacia una determinada interpretación, el buen buscador decide aceptarla como palabra de Dios, aunque eso signifique romper con esquemas anteriores.
“¿Ha venido la presunción? Entonces vendrá la deshonra; pero la sabiduría está con los modestos” (Proverbios 11:2)Los buenos buscadores de la verdad bíblica se complacen en compartir con otros los pedacitos de verdad que vayan encontrando; pero tienen cuidado de no desarrollar una actitud presuntuosa que le lleve a creerse, algo así como el conducto exclusivo de Dios. Al contrario, saben bien que el espíritu de Dios está sobre “muchos” (Daniel 12:4); y por esa razón, están al tanto del conocimiento que Dios pueda transmitirles mediante otros humildes buscadores.
No se apresuran a juzgar una enseñanza como falsa sin antes examinar su apoyo bíblico. Su experiencia les enseña que deben ser prudentes; porque lo que a veces se considera una doctrina errónea, tras una investigación cabal, resulta ser una verdad procedente de Dios.
Tampoco tienen ningún problema en reconocer sus carencias sobre algún aspecto, que de momento no entiendan suficientemente. Saben del grave error que es pretender “ajustar con calzador” explicaciones sin apoyo bíblico, con el fin de que encajen en una determinada línea de creencias. Esta práctica, además de ser desleal con la voluntad divina, llega a ser un obstáculo insuperable para llegar al verdadero entendimiento bíblico. Los buscadores sinceros y leales optan por esperar pacientemente a que Dios algún día revele el correcto entendimiento.
Así, Dios no revela Su Verdad a todo el mundo; sino sólo a los que mantienen una buena actitud de corazón: las personas sencillas y humildes, que modestamente confían en Él con todo su corazón y están dispuestas a sacrificar sus creencias personales por las muchas y maravillosas enseñanzas que Dios les tiene reservadas.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Presentación
“Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al pleno conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3-4)De acuerdo al deseo de Dios, este blog tiene el propósito de compartir los resultados de mi investigación bíblica con todas aquellas personas, que como yo, desean examinar y averiguar las valiosas verdades que ofrece la Palabra de Dios. Pero más que eso, mi deseo es compartir la búsqueda de la verdad bíblica como un camino que Dios quiere que andemos modestamente, sin ninguna pretensión personal.
Adoremos a Dios en verdad
Jesús nos dice que los verdaderos adoradores deben adorar a Dios "en espíritu y en verdad" (Juan 4:23). Para adorar a Dios en verdad debemos asegurarnos que nuestras creencias provengan realmente de la palabra de Dios y no de tradiciones humanas (Mateo 15:2); lo cual significa que debemos asumir que con toda probabilidad, al menos algunas de nuestras creencias están equivocadas.
Además, Jesús dice que el principal mandamiento que debemos obedecer es amar a Dios 'con todo el corazón, con toda el alma, y con toda la mente' (Mateo 22:37) Notemos que no dice que utilicemos la mente de otros; sino con nuestra mente. Por eso, la palabra de Dios nos anima personalmente a "examinarlo todo cuidadosamente" (1 Tesalonicenses 5:21); a no creer 'a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sin antes someterlo a prueba para ver si es de Dios' (1 Juan 4:1) y a no dejarnos engañar ni hacernos cómplices de los que hacen "argumentaciones vanas" (Efesios 5:6-7)
Busquemos juntos
Ciertamente, conocer la verdad de Dios es una responsabilidad personal, pero no hemos de sentirnos solos en este camino. Dios mismo es el más interesado en revelarnos Su verdad. Él mismo nos dice que si le pedimos, nos concederá abundantemente la sabiduría que necesitamos (Santiago 1:5)
Por otra parte, la profecía bíblica nos dice que habría muchos buscadores de la verdad bíblica y gracias a esa búsqueda colectiva aumentará el verdadero conocimiento:
“En cuanto a ti, Daniel, oculta estas palabras y sella el Libro hasta el tiempo del fin. Muchos buscarán aquí y allí, y aumentará el conocimiento” (Daniel 12:4)
¿Estamos en el tiempo del fin? No se puede asegurar, pero el hecho de vivir en esta era de las comunicaciones, hace pensar que ahora se dan las condiciones perfectas para que todos los buscadores de la Verdad podamos colaborar en el aumento del conocimiento bíblico.
En vista de esto, debemos animarnos a compartir el fruto de las investigaciones bíblicas, interactuando respetuosa y constructivamente unos con otros, tal como dice el proverbio: “El hierro se afila con hierro, y el ser humano aprende de sus semejantes” (Proverbios 27:17) Por esa razón, sería deseable formar parte de una "red de buscadores" que nos permita acceder e interactuar a los distintos análisis o enfoques de una misma enseñanza bíblica.
Por mi parte, y a medida que vaya publicando artículos, agradeceré todo comentario que sirva para esclarecer, ampliar o corregir cualquier idea que exponga. Toda crítica constructiva será considerada como ayuda para avanzar hacia el verdadero conocimiento de Dios. Es preferible que los comentarios sean públicos (en la parte inferior de cada artículo); pero quien desee escribir un correo privado puede hacerlo a la dirección: usymbv@gmail.com
¡Que Dios bendiga a todos en esta búsqueda a fin de alcanzar “el pleno conocimiento de su voluntad, mediante dones de sabiduría y entendimiento espiritual”! (Colosenses 1:9)
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