sábado, 3 de diciembre de 2016

La creación revela la sabiduría de Dios

Además del Poder, otro de los atributos de Dios que están omnipresentes en toda la Creación es Su sabiduría. Basta reflexionar un poco para percibir la Suprema Inteligencia que está detrás de todo lo creado.

Leyes y ciclos de la tierra


La tierra sirve de hogar para todas las criaturas gracias en parte al perfecto equilibro de las leyes que rigen sus ciclos naturales.


Por ejemplo, tenemos la distancia con respecto al Sol. Si estuviéramos más cerca o más lejos del Sol, el incremento de calor o frío harían imposible la vida en nuestro planeta.

Al moverse alrededor del Sol, nuestro planeta guarda una ligera inclinación sobre su eje (25,5 grados). Esta inclinación hace posible las estaciones del año, imprescindible para la recolección de los productos del campo.

Tenemos la atmósfera, un inmenso manto de aire que envuelve la tierra y que, entre otras muchas funciones, nos protege de mayor parte de la radiación solar; de los meteoritos y de las bajísimas temperaturas de la noche.

Tenemos el ciclo del oxígeno. Los seres humanos y los animales tomamos el oxígeno que producen las plantas y lo convertimos en bióxido de carbono. A su vez, las plantas toman el bióxido de carbono y lo convierten en oxígeno. Este intercambio es continuo e imprescindible para la existencia de todos los seres vivos.

Tenemos el ciclo del agua, que al estar en estado líquido se evapora hasta formar nubes; y desde ahí se precipita en forma de lluvia, granizo o nieve.  Esto permite que siempre esté disponible la cantidad suficiente de agua apta para el consumo de todos los seres vivos.

Y así podríamos considerar otras muchas leyes y ciclos que intervienen en la tierra, como la ley gravitatoria, la ley electromagnética, el ciclo del Nitrógeno, del Fósforo, del Azufre, etc.; leyes y ciclos que funcionan armoniosamente para hacer posible la existencia de todos los seres vivos.

El increíble colibrí



Cuando vemos un avión despegar y empezar a volar seguramente nos viene una sensación de asombro junto con la recurrente pregunta: “¿Cómo es posible?”. Como respuesta, un técnico aeronáutico seguramente nos explicaría algunos aspectos fundamentales como la forma de las alas, el fuselaje, alerones, flaps, spoilers, slats, estabilizadores, motopropulsores, tren de aterrizaje, instrumentos de control, y un largo etc. Pero… tras la explicación, seguramente lo único que tendríamos claro es que la fabricación de un avión es algo sumamente complejo y que requiere la labor coordinada de muchos profesionales altamente cualificados.

Ahora cambiemos de tamaño y pensemos en el colibrí. Cuando contemplamos al pequeño colibrí enseguida nos maravilla su ágil y simpático vuelo. Se trata de una avecilla, que con solo 3 gramos de peso puede batir las alas hasta 80 veces por segundo. Es la única ave que puede volar en cualquier dirección ¡incluso hacia atrás! Su dinámica de vuelo es la envidia de cualquier aparato volador hecho por el hombre, ya que puede realizar cambios bruscos de dirección con gran precisión y mantenerse suspendido en el aire sin ninguna dificultad.

Aunque está considerada la más pequeña de todas las aves, el colibrí puede llegar a volar a una velocidad de 100 km. /hora; lo cual le hace el animal más veloz de todos los vertebrados. Es decir, además de poseer el vuelo más espectacular, también tiene todos los records de velocidad. Mucho de esto se debe a su especial metabolismo que convierte el alimento en energía de forma sumamente eficaz. Además, su diminuto corazón late más de 1.200 veces por minuto (el corazón humano unas 70 veces)

Pero el colibrí también nos asombra de otro modo. Con el fin de sobrevivir, algunas especies realizan largos viajes migratorios, llegando a recorrer más de 800 km. por encima del mar. Esta migración es muy sorprendente por su pequeño tamaño; pero sobre todo, porque son criaturas que necesitan un suministro constante de energía. ¿Cómo lo consiguen? Antes de migrar acumulan alrededor de un gramo de grasa, lo cual, y gracias a su alto metabolismo, es suficiente combustible para mantenerse en vuelo por más de 20 horas. ¡Pueden recorrer 800 km. durante 20 horas con solo un gramo de alimento!


Ahora meditemos: Si la planificación de una ciudad o la construcción de un avión es una empresa tan sumamente complicada que requiere la inteligencia coordinada de numerosos arquitectos e ingenieros ¿Cuánta sabiduría ha sido necesaria en la creación de todo lo que hay en la Tierra? Y si simples humanos que construyen grandes edificaciones o complejos aparatos reciben nuestro reconocimiento y admiración ¿Cuánto respeto y reconocimiento merece Quien posee la Suprema Inteligencia capaz de concebir, crear y mantener las leyes y ciclos naturales, así como las incontables formas de vida que llenan nuestro planeta?






martes, 8 de noviembre de 2016

El lago de fuego y la muerte segunda

La expresión “lago de fuego” aparece exclusivamente en el libro de Apocalipsis en seis ocasiones. Para el propósito de este artículo centraremos la atención en conocer lo que el lago de fuego significa para el ser humano:
Y la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda: el lago de fuego. Y el que no se encontraba inscrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego.” (Apocalipsis 20:14-15 LBLA)
Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.”  (Apocalipsis 21:8 LBLA)
Antes de empezar, conviene notar que al comparar con otras expresiones bíblicas el lago de fuego equivale al Gehena de los evangelios. La diferencia de uso entre ambas expresiones está en el público a quien iba dirigido. Cuando Jesús estuvo en la tierra advirtió sobre el Gehena, un lugar ubicado en Jerusalén y muy conocido por los judíos; lugar que Jesús utilizó para representar la destrucción completa de cuerpo y alma (Mateo 10:28). En cambio, cuando el Señor dio las revelaciones en Apocalipsis (después de la destrucción de Jerusalén), utiliza lago del fuego, un símbolo más apropiado por ser entendido por todos los creyentes, fueran judíos o gentiles. Así, el término Gehena fue dirigido exclusivamente a los judíos, mientras que lago de fuego lo es para la Iglesia universal; pero ambas expresiones significan básicamente lo mismo.

Por otra parte, también conviene recordar que Apocalipsis es un libro muy característico por su abundante simbología, donde en muy pocas ocasiones se acompaña del significado. Así, es de lo más natural que lago de fuego sea la representación de otra cosa ¿Representación de qué? El mismo contexto en dos ocasiones declara que es “la muerte segunda”, pero solo cuando se asocia con el destino de criaturas humanas (Apocalipsis 20:14-15; 21:8). En los demás casos no lo hace, probablemente por tratarse de la bestia, el falso profeta y el diablo (Apocalipsis 19:19-21; 20:10), símbolos o personajes que no experimentan una muerte previa.

¿Qué es la muerte segunda?

La expresión muerte segunda aparece cuatro veces en Apocalipsis. Además de las dos ocasiones donde se le identifica con el lago de fuego, también se menciona cuando se dice que los que venzan en la fe “no sufrirá daño de la muerte segunda” (Apocalipsis 2:11); y al decir que “la segunda muerte no tiene potestad” sobre aquellos “que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20:6).

Para entender mejor la muerte segunda hemos de recordar que la primera muerte es la consecuencia del pecado que todos hemos recibimos del primer hombre, Adán (Romanos 5:12) La primera muerte es temporal; una muerte que a veces se califica como sueño (Juan 11:11-14; Hechos 7:60; 1 Corintios 11:30; 15:6; 1 Tesalonicenses 4:13), y de la que todos despertarán cuando ocurra la resurrección de justos e injustos (Juan 5:28-29; Hechos 24:15; 1 Corintios 15:20-23; Apocalipsis 20:11-15).

Tras esa resurrección general, acontece lo que comúnmente se conoce como el Juicio Final, un juicio donde se decidirá el destino final de cada uno: “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:29; 2 Pedro 2:9; Romanos 2:5); o como dice el propio Apocalipsis: donde unos serán inscritos en el libro de la vida y los demás son destinados al lago de fuego, es decir, la muerte segunda. (Apocalipsis 20:12-14)

Llegados a este punto, es importante saber que a esta condenación o muerte segunda también se refiere Jesús en otros términos cuando dice: "No tengan miedo de los que pueden matar el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Más bien tengan miedo de aquel que puede destruir el cuerpo y el alma en la gehena" (Mateo 10:28 BLPH) Es interesante la distinción que se hace entre la muerte que no afecta al alma y la muerte que sí afecta al alma hasta el punto de destruirla; lo cual revela que hay una muerte definitiva donde no hay posibilidad de retorno.

Por tanto, si la primera muerte (donde desaparece el cuerpo pero se conserva el alma) se caracteriza por la interrupción de pensamientos y sentimientos (Salmos 146:4; Eclesiastés 9:5), en la muerte segunda el alma es destruida (se elimina todo registro de rasgos, características y vivencias particulares que conforman la individualidad de una persona), retornando así a la condición de inexistencia que había antes de su inicio. Por tanto, la muerte segunda es la destrucción del alma, la muerte que conduce a la inexistencia eterna de aquellos que resulten condenados en el día del juicio.

El hecho de que el lago de fuego representa la total destrucción, es reforzado por la declaración de que “la Muerte y el Hades fueron arrojados al lago de fuego” (Apocalipsis 20:14) Esto quiere decir que la primera muerte dejará de funcionar. A partir de entonces nadie morirá por el pecado heredado de Adán. Pero esta afirmación también encierra la imposibilidad de que el lago de fuego sea un lugar literal. Hasta donde sabemos, la Muerte y el Hades no son cuerpos combustibles. La conclusión razonable que se desprende es que la Muerte y el Hades sencillamente dejan de existir, al igual que todos aquellos que no estén inscritos en el libro de la vida.