La Biblia es la principal fuente de información para conocer a Dios. En ella encontramos numerosas declaraciones que de modo directo definen tanto Sus atributos divinos como Su personalidad.
Por ejemplo, respecto a sus atributos divinos, la Biblia revela que “Dios es Espíritu” (Juan 4:24; 2 Corintios 3:17) Nos enseña que es Dios “desde la eternidad y hasta la eternidad” (Salmos 90:2 LBLA); que “nadie le vio jamás” (Juan 1:18 RVR60) Por tanto, es “eterno, inmortal, invisible” (1 Timoteo 1:17 LBLA).
También es omnisciente, lo que quiere decir que dispone de conocimiento absoluto, incluso del futuro, ya que ‘anuncia desde el principio lo que va a pasar al final, y da a conocer el futuro desde mucho tiempo antes’; eso le faculta para asegurar el cumplimiento de su propósito (Isaías 46:10 TLA) Otro de sus atributos es “su eterno poder” (Romanos 1:20 LBLA), un poder eterno y absoluto, por lo que en varias ocasiones se le define como “Dios Todopoderoso” (Génesis 17:1 RVR60; Apocalipsis 15:3; Job 37:23)
Dios también es “santo”, “majestuoso en santidad” (Levítico 19:2; Éxodo 15:11 LBLA); a tal grado, que es calificado como “Santo, santo, santo” (Apocalipsis 4:8 RVR60; Isaías 6:3); es decir, está libre de todo defecto, mancha o impureza (Isaías 35:8). Consecuentemente, también “es luz” (1 Juan 1:5 RVR60), y sólo en su “luz vemos la luz” (Salmos 36:9 LBLA)
Además, Dios es “sabio” (Romanos 16:27 RVR60), tanto que nunca se podrá abarcar ‘la profundidad de su sabiduría y su conocimiento’ (Romanos 11:33) En Él “está la fuente de la vida” (Salmos 36:9 LBLA), siendo “creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo lo que hay en ellos” (Hechos 4:24 NVI)
Todos estos atributos divinos le señalan como “único Dios” (1 Timoteo 1:17 LBLA), y con toda propiedad puede decir de sí mismo: “yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí” (Isa 46:9 RVR60). Indiscutiblemente es el “Soberano Señor” (Apocalipsis 6:10 NVI; Hechos 4:24 NVI) cuyo ‘nombre es glorioso en toda la tierra’ (Salmos 8:1)
Respecto a sus cualidades personales, Dios “Es justo y recto” (Deuteronomio 32:4 RVR60; Salmos 111:3) y “ama la justicia” (Salmos 37:28 LBLA); por eso, ‘su ira se enciende’ (Éxodo 22:24 LBLA; Apocalipsis 14:10) y espera a ser ‘consumada’ (Apocalipsis 15:1 RVR60) al traer castigo a los injustos. También es “celoso” (Éxodo 20:5 RVR60) en el sentido de que no permite la adoración a otros dioses; y es “veraz” (Apocalipsis 6:10 NVI), “Dios de verdad” (Deuteronomio 32:4 RVR60) “que no miente” (Tito 1:2 RVR60)
Pero sobre todo, la Biblia destaca el amor de Dios. Dice que es “bueno y perdonador” (Salmo 86:5), “grande en misericordia” (Salmos 103:8 RVR60), “compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad” (Éxodo 34:6 LBLA), “es paciente para con nosotros” (2 Pedro 3:9 RVR60), “consuela a los humildes” (2 Corintios 7:6 RVR60), “¡cuánta es su bondad, y cuánta su hermosura!” (Zacarías 9:17 RVR60); tal es su bondad, que Jesús dijo: “Ninguno hay bueno, sino sólo Dios” (Lucas 18:19 RVR60); sencillamente: “Dios es amor” (1 Juan 4:8, 16 RVR60).
Lo expuesto es un breve resumen de expresiones bíblicas que declaran expresamente tanto atributos divinos como el carácter de Dios; sin duda, se trata de valiosa información; sin embargo…, esto no es suficiente para conocer a Dios.
Aunque la creación natural es una fuente inagotable de información sobre nuestro Creador, la Palabra de Dios, la Biblia, es el libro que contiene un testimonio único e indispensable para avanzar en nuestro conocimiento de Dios, un conocimiento que nos transmite al describir explícitamente Sus atributos y cualidades; cuando expone Sus propósitos para con la humanidad; en el significado de Sus mandamientos, estatutos y leyes; en Su trato personal con hombres y mujeres; y muy especialmente, cuando se revela a sí mismo en la persona de Jesucristo. Todo esto y más, convierte a la Biblia en un libro lleno de información concerniente a Dios.
Por supuesto, podemos abordar la Biblia por distintos motivos muy legítimos: interés histórico, sus sabios consejos, para entender el presente y vislumbrar el futuro, etc.; pero sin duda, la mejor motivación para leer la Biblia es querer conocer mejor a Dios y sus caminos, porque así estaremos realizándonos satisfactoriamente como criaturas humanas, encontrando y culminando nuestro propósito más vital; y porque, como dice la misma Biblia: ‘si lo buscamos Él se dejará encontrar’ (1 Crónicas 28:9) y si ‘nos acercamos a Dios, Él se acercará a nosotros’ (Santiago 4:8) Así, conocer a Dios es acercarnos a Él. No hay recompensa mejor que saber que el Ser Supremo del universo se deje encontrar y se acerque a nosotros. Sin duda, este es el mejor incentivo para buscarlo a través del estudio de Su palabra, un estudio que será especialmente efectivo si nos valemos de estos refuerzos:
Una biblia sencilla. Se recomienda utilizar una traducción bíblica que facilite la rápida compresión de los relatos bíblicos. En español tenemos algunas, como por ejemplo: Dios Habla Hoy o Traducción en Lenguaje Actual. En este tipo de versiones la lectura gana en fluidez y compresión. Por contra, a veces no armonizan del todo con el texto original; pero para el propósito que nos concierne, que es conocer mejor a Dios, es preferible leer una versión que transmita en palabras contemporáneas la idea de cada pasaje. De todos modos, si necesitemos contrastar alguna expresión bíblica, conviene tener a mano una traducción más literal, más ajustada al texto original.
Meditar. Para conocer a Dios, necesitamos meditar en Su palabra, porque la continua reflexión nos permitirá adentrarnos en el conocimiento de Él; de hecho, la misma Biblia nos anima a meditar cuando leemos: “Dichoso el hombre […] que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella”, o: “¡Cuánto amo yo tu ley! Todo el día medito en ella” (Salmo 1:1-2; 119:97) Por eso, al terminar de leer un relato, es bueno parar y preguntarnos: ¿Qué me revela esto sobre Dios? ¿Me ayuda a conocer algún rasgo de sus atributos o carácter? Responder a estas preguntas nos ayudará mucho a comprender y recordar lo que leemos en la Biblia.
Sobre todo orar. Si a raíz de nuestra lectura bíblica nos surgen preguntas sobre cómo es Dios, lo mejor que podemos hacer es preguntar ¿A quién? Al Autor de la Biblia. Esta es una posibilidad extraordinaria que solo sucede al leer la Biblia, porque es el único libro donde su autor siempre está presente y dispuesto a escucharnos. Por eso, antes de leer la Biblia oremos a Dios y pidamos Su espíritu para comprender y apreciar lo que nos está diciendo sobre Él. Pensemos que es la voluntad de Dios que le conozcamos, y por eso, si le pedimos, hemos de confiar que nos dará “espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de El” (Efesios 1:17)
No hay conocimiento más interesante, maravilloso y gratificador que el que resulta de nuestro Creador, el Ser Supremo; por eso vale la pena todo el tiempo y atención que podamos emplear, atendiendo estas palabras del apóstol Pablo: “que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios” (Colosenses 1:10)